Eduardo Díaz García, el hombre que murió al lanzarse al vacío para escapar de un incendio, vivía con sus padres en el número 2 de la calle Ibaialde. No era una persona sin hogar, como se pensó en un primer momento. «Estaba delicado, tenía problemas con el alcohol, pero estaba bien atendido, no era un mendigo», repetían ayer los vecinos al ver la esquela, mientras los más allegados se dirigían al domicilio familiar. María Suárez, que lleva «toda la vida» en la puerta de al lado, estaba especialmente triste. «Le conozco desde pequeño, era amigo de mis hijos. Su madre luchó mucho por él, le llevó a todas partes para buscar ayuda», comentaba. Todavía hace poco, el 31 de octubre, «estuvimos con él y con sus padres y pasamos todo el día en El Regato». Tenía un hijo de unos catorce años y un hermano. Eran tres, pero uno falleció. «A mí también se me murió un hijo y su madre me apoyó mucho», recordaba María, al borde de las lágrimas. A sus 40 años, Eduardo había pasado temporadas ingresado y tenía bastantes problemas de salud. «No se metía con nadie. Era un buen chico», dicen sus vecinas.
Estas historias me afectan un huevo y medio, siempre he pensado que el estar en este lado del filo de la navaja o en el de más allá tiene un punto de azar que acojona,..., a mi me sirve para pensar que hay Eduardos por todas partes, muchas veces, las más, son bordes, malencarados, ruidosos,..., no me vale con lamentar su muerte, al menos hay que intentar acompañarles en vida,... no abandonarlos, que nadie se quede atrás,..., dicen que en los estudios sobre los primeros homínidos encuentran restos de individuos con taras que una lógica pura de supervivencia no debería haber permitido que llegasen a adultos, pero el grupo les protegió, les ayudó a vivir. Creo que esa es una de esas cosas que nos hace humanos.
Pd. Me repito, pero esto es lo que hay...
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4 comentarios:
Comparto tu tristeza y tu reflexión. Pero cierto es tambien que a menudo tiramos la toalla porque hay casos en los que no hay manera. Pretender seguir apoyándoles acaba siendo equivalente a caer con ellos... pero es cierto, la suerte existe y nadie está libre de acaba bien jodido.
Totalmente de acuerdo con la reflexión, Tío Goyo... pero también con la del compadre, compañero y sin embargo buena gente Roberto Moso. Hay toallas que tiramos y toallas que se rompen a tirones.
Tengo dudas sobre si el cielo existe, no tengo dudas de que el infierno si, y esta aquí, en la vida. El peor de ellos es el que sufren esas familias a causa de sus hijos, padres,..., de los suyos. La unica forma de salir es cortando la cuerda, -tenéis razón-, pero el grupo, la comunidad, la sociedad no podemos (debemos?) desistir,...,
Tengo días que no pienso así, pero...
Un abrazo
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